Cabe la
posibilidad que lo que quede aquí escrito sea considerado anticuado y si, es un
paradigma antiguo, que lamentablemente
está obsoleto en nuestra sociedad actual… pero a veces ciertas formas en
desuso, es bueno revisarlas y ver qué hay de rescatables en ellas.
Un día, no
hace tanto tiempo, las mujeres quisimos hacer una revolución y nació el
feminismo, una revolución nacida desde la ira y del agotamiento que provocó
soportar miles de años de abuso patriarcal… Se levantaron entonces las banderas
de la igualdad-igualdad… Nos pusimos pantalones, botamos sostenes y exigimos
nuestros derechos… ¿nuestros derechos? ¿O lo que salimos a buscar fue que se
nos dieran los mismos derechos que a los hombres?
Porque no son
lo mismo…
Y ganamos
muchas cosas, no todas, en muchos aspectos (de los que pretendíamos) las
odiosas desigualdades siguen…
Pero, ¿era
esto lo que queríamos?
Veamos…
demostramos que teníamos la misma capacidad intelectual, que podíamos acceder a
cualquier carrera u oficio y a desempeñarnos en ellas tan bien o mejor que
muchos hombres, que podíamos cambiar ruedas de autos, reparar llaves y
enchufes, trajimos dinero a casa (ya no necesitábamos que nos mantuvieran), y
podíamos no solo costear nuestras necesidades, si no también las de la familia
y no solo en lo económico, si no también en sostener el nido, cómo antes de
salir de él, criar a los hijos, hacernos cargo de nuestra sexualidad y de
nuestra capacidad de procrear… hasta hemos llegado a poder preñarnos sin
necesitar un compañero, con unas pocas células basta… Descubrimos que lo
podíamos hacer TODO… ¿todo?
Miramos a los
que eran nuestros compañeros de esos tiempos y parecía que no daban la talla…
no tenían esa enorme capacidad de abarcar obligaciones cómo lo hacíamos
nosotras y además daba la impresión que habían perdido la capacidad de saber
que hacer… se veían PERPLEJOS!!!!... Ellos los hasta hace poco súper poderosos,
no sabían que hacer … pero cómo nosotras si sabíamos, empezamos a instruirlos
sobre la necesidad de que desarrollaran su lado femenino, mal que mal nosotras
ya éramos unos especímenes perfectamente masculinas y con nuestra sensibilidad
intacta… era cosa de que se esforzaran!!!!
Algunos lo
intentaron y hasta casi lo lograron… desarrollaron una maravillosa sensibilidad
y al unísono perdieron la capacidad de trabajar y proveer (total, ya lo
hacíamos nosotras)… pero, en general, ese modelo no nos gustó.
Otros se
negaron porfiadamente a aceptar estas nuevas reglas… y, en general, nos
parecieron pésimos por machistas y opresivos.
En tanto, el
tiempo iba pasando y nuestras hijas nos iban superando en la obtención de la
igualdad-igualdad y en las expectativas de lo que tendría que ser capaz de
ofrecer el compañero adecuado… Y nuestros hijos y sus padres (“tan básicos
ellos”), descubrieron que nuestra revolución había sido maravillosa…
disminuyeron (a veces simplemente eliminaron) sus responsabilidades económicas,
disminuyeron (a veces simplemente eliminaron) sus ganas de comprometerse con
“una” pareja (en su pensamiento “básico” parejas sin compromiso, habían por
todas partes).
Y en este
proceso de obtención y mantención de la igualdad-igualdad, el crear una pareja
y una familia se transformó casi en un atentado a nuestras individualidades,
por tanto las fuimos (todos), desechando, a veces, en reiteradas ocasiones…
A estas
alturas, confusas y agotadas … mal que mal lo estábamos haciendo TODO,
clamábamos a gritos por un compañero que nos escuchara, nos comprendiera, nos
acogiera, que no tratara de resolvernos los problemas (eso lo hacemos nosotras,
que lo hacemos TODO)… ¡Por favor!... ¡qué les cuesta ser nuestra mejor
amiga!!!! (así, con a).
Entonces
surgieron algunas ayudas, algo así como “Las Mujeres son de Venus y los Hombres
son de Marte”…. ¡Caramba! Parece que no éramos iguales-iguales… Ellos son
“básicos”, no son capaces de hacer varias cosas al mismo tiempo, su
sensibilidad parece ser distinta… son incomprensibles en su sencillez!!!!!!
Y nosotras,
hermanas, amigas mías… ¿qué pasó con nosotras?, ¿qué nos pasó, qué hoy estamos
pidiendo se nos de él derecho de no tener que dejar a nuestros hijos pequeños y
poder criarlos?
Estamos tan
abandonadas de nosotras mismas y de nuestros procesos, que hasta somos felices
si podemos eliminar nuestros ciclos biológicos artificialmente.
¿Será que en
esa revolución histórica cometimos un pequeño error? ¿Será qué se trataba de
igualdad en la diferencia? ¿Será qué se trataba de exigir respeto por lo que
significaba ser MUJER?
¿Será que se
trataba de qué honráramos nuestro rol y
le diéramos la importancia que debía?¿Será que se trataba de que recuperáramos
el valor ancestral de ser las dadoras de Vida, las que conocíamos los Misterios
de la naturaleza, las que tejíamos las redes de conexión con la existencia?¿Las
que sabíamos que cuando llegábamos a esta vida, salíamos de las entrañas de una
igual y a un mundo al que pertenecíamos? A diferencia de nuestros compañeros
que llegaban siendo diferentes y tenían un largo camino que recorrer antes de encontrar su lugar en este espacio y
tiempo, pero que en ese viaje nos traían de regalo la visión global obtenida
desde el frío viento de la razón y las ideas, mientras nosotras adentrábamos
nuestras raíces en la tierra y nos volvíamos capaces de nutrir y levantando
nuestros brazos hacia el sol, tomábamos su calor y entibiábamos los corazones…
Y así,
comprendiendo nuestras desiguales naturalezas, saber que no somos nada el uno
sin el otro y que no debemos pretender adentrarnos en el Misterio de lo
Masculino, ni pretender que se adentren en el Misterio de lo Femenino… si no
que siendo incomprensibles, somos complementarios, igualmente desiguales,
indiscutiblemente valiosos y destinados a celebrar y honrar juntos el Misterio
de la Vida.
Oj alá nunca
dejemos que recordar que del dos proviene el uno y antes de eso El Misterio.